El impresionante castillo a orillas de un lago que se ha reconvertido a un convento
Irlanda está rodeada de mística, y es que la historia de la Éire es tan sumamente rica y apasionante que convierten al país en uno de los destinos más únicos de toda Europa. La mayoría de viajeros de España se quedan en su capital, Dublín, o hacen una excursión a otros conocidos enclaves irlandeses como la Calzada de los Gigantes o la ciudad de Cork, pero la realidad es que la ‘Isla Esmeralda’ oculta fascinantes secretos.
A tres horas y media del casco histórico dublinés, en la misma latitud que la ciudad pero a la otra punta de la isla, se esconde uno de los tesoros más peculiares de toda la nación de los tréboles. A poca distancia de las aguas gélidas del Atlántico, a orillas de uno de los más de 12.000 lagos que hay en el país, se erige la majestuosa Abadía de Kylemore, uno de los edificios más extraordinarios de la parte occidental de Irlanda y que, como casi todo en el país, tiene intrínseca una historia extraordinaria.
La abadía de Kylemore, una joya digna de ‘Los Bridgerton’
La Abadía de Kylemore podría haber sido perfectamente uno de los escenarios de la temporada 4 de Los Bridgerton, pero a pesar de no formar parte de la serie de Netflix, se trata de uno de los castillos más sublimes de toda Europa. Se ubica en el extremo occidental del lago homónimo, en el célebre condado de Galway (en concreto en la región cultural de Connemara), y su nombre en la lengua irlandesa significa ‘Gran madera’.
Este espectacular castillo fue construido en la década de 1860 por el empresario Mitchell Henry, un entusiasta del romanticismo que quiso hacer este obsequio a su esposa. Esa pasión romántica se puede notar en la propia arquitectura del fortín, que se ha mantenido intacta desde que se levantó y que junto a las salvajes montañas que lo circundan y las aguas cristalinas del lago, conforman una imagen digna de una postal.
Los visitantes pueden adentrarse en las preciosas salas que hay en este impresionante complejo, así como en el bucólico jardín de inspiración victoriana que añade aún más encanto a la Abadía de Kylemore, que cuenta con una magnífica iglesia gótica construida apenas unos años después de la muerte de la esposa de Henry, Margaret, en el año 1875 y en la que ambos están sepultados, ya que se erigió en memoria de la mujer.
Tras visitar todo el complejo, siempre se pueden admirar los excelsos parajes montañosos de Connemara y los frondosos bosques que los pueblan. Tras la Primera Guerra Mundial, el castillo se transformó en un convento de monjas benedictinas, consiguiendo que la abadía encontrase una segunda vida como internado para mujeres.