Gaudí, un gran cocido y una catedral que sorprende en una sola escapada
Por aquí pasa la Vía de la Plata, el Camino de Santiago y muchas historias en un solo día. Y ese «ir y venir» se nota en su carácter, pero también en su patrimonio e incluso en su gastronomía. Astorga es una de las grandes joyas de la provincia de León y uno de esos lugares que siempre es buena idea para una escapada porque siempre queda algo nuevo por descubrir.
Gaudí donde no te lo esperas
Lo primero que descoloca (para bien) es encontrarte un edificio de Antoni Gaudí en plena Castilla y León y es que este icono de Astorga es su obra más destacada fuera de Cataluña. El Palacio Episcopal se empezó a levantar en 1889 en un estilo neogótico que tiene mucho de cuento. Actualmente acoge al Museo de los Caminos por lo que es posible visitar su interior y conocer más sobre la obra y sobre la ciudad.
La belleza del palacio de Gaudí tiene una dura competidora, la catedral de Santa María. Por fuera impone y por dentro sorprende por la mezcla de estilos, porque se empezó en gótico (siglo XV) y fue sumando aportes renacentistas, hasta rematar con una gran fachada barroca.
La historia de Astorga empezó mucho antes de lo gótico de su catedral o la fantasía de Gaudí y lo demuestran sus restos romanos. Su muralla, construida a principios del siglo IV y con más de 2 km de recorrido es una de las partes más visibles y un buen plan para enlazar con sus miradores y sus fotos de postal.
El cocido que se come «al revés»
Si hay un motivo gastronómico para ir, es el cocido maragato. Contundente, tradicional y con su propia norma: se toma en tres vuelcos, pero empezando por las carnes, luego los garbanzos y las verduras, y la sopa al final. Pero esto no es lo único que da fama a Astorga como sitio para comer muy bien, las carnes de vacuno, la cecina y los dulces son otro de los bocados para los que hay que dejar hueco.
Mención aparte merece el chocolate, que cuenta con su propio museo. En siglo XVIII sus artesanos ya gozaban de fama y poco más tarde, la ciudad llegó a contar con hasta 50 fábricas. En su museo no solo se recuerda esta dulce historia, también se repasa cómo se trabaja el chocolate y se recuerdan algunas de las creaciones más cotizadas de su época. Un final que te deja muy buen sabor de boca a una escapada bien aprovechada.