Fiordos, volcanes y cataratas en el puerto imprescindible de cualquier ruta por Islandia
Islandia es uno de los destinos de moda, tanto que el número de personas que eligen esta isla para sus vacaciones no ha dejado de crecer en los últimos años. Cascadas, glaciares, volcanes y auroras boreales son su máximo reclamo y es que solo aquí es tan sencillo disfrutar de paisajes tan extremos y diferentes a todo lo que has visto en tan poco tiempo.
Eso sí, Islandia es una isla de grandes dimensiones y hay que saber muy bien dónde ir y cómo para no terminar perdido entre sus carreteras infinitas y solitarias.
Un punto bien marcado en el mapa
Akureyri es uno de los puertos más importantes, donde atracan los cruceros que llegan hasta Islandia y desde donde parten algunas de las excursiones más interesantes. Una ciudad cuyos semáforos te dicen que esperes con un corazón y tengas así tiempo para mirar a tu alrededor y te sorprendas con lo diferente que es todo lo que te rodea.
En Islandia dicen que la tierra está viva y solo hay que poner un pie sobre ella para entenderlo y comprobar que está en continuo movimiento. Está situada entre dos placas tectónicas que se separan unos dos centímetros al año, un desplazamiento que va acompañado de volcanes en erupción, terremotos y unas aguas subterráneas que alcanzan una temperatura capaz de generar energía. La fuerza de la naturaleza en su máxima expresión.
Volcanes para todos
En Islandia hay unos 130 volcanes, pero no todos se corresponden a la imagen clásica que todos tenemos en la cabeza, la del emoji del WhatsApp. En el lago Mývatn, una de las excursiones más populares de la zona, destacan los llamados pseudocráteres, burbujas que nacieron cuando la lava avanzó sobre agua y el vapor explotó desde abajo, pero no salió a la superficie. Esto creó un paisaje muy particular que no es posible disfrutar tranquilo por las guardianas que allí habitan. El nombre se traduce como lago de las moscas y sí, hay millones. Cuando llegues y veas a gente con la cabeza cubierta por una redecilla… toma nota.
Pocos kilómetros separan este lago de una de las formaciones volcánicas más sorprendentes. En Dimmuborgir la lava sí llegó a salir, se enfrió, se quebró y dejó arcos, columnas, paredes que recuerdan a pasillos de castillo y otras figuras extrañas entre las que los islandeses ven trolls y sobre las que recaen miles de leyendas.
Fuego y agua
No todo lo que surge de las profundidades islandesas es fuego. El agua es el otro gran protagonista de este paisaje un tanto inhóspito y salvaje. Y uno de los lugares en los que estos elementos muestran todo su poder es la zona geotérmica de Hverir. De lejos te sorprenden sus colores y de cerca el olor a azufre (sí, huele fatal). Un recorrido bien marcado te lleva por zonas de barro que burbujea, fumarolas que exhalan nubes de vapor y pequeños géiseres que vierten agua hirviendo de forma constante. Aquí jugar al suelo es lava es tan real como que si te sales del camino puede que tu zapato se derrita y es que el suelo está caliente incluso los días más fríos.
El remate final
Si contar volcanes en Islandia es complicado, contabilizar las cascadas ya es misión imposible. Mires donde mires verás agua caer. Eso sí, las hay de muchos tipos. Las inesperadas, las que alcanzan alturas considerables y las que deslumbran por su belleza. A pocos kilómetros de Akureyri se encuentra la que para muchos es una de las más espectaculares y la que, sin discusión posible, tiene más simbolismo para los islandeses: Goðafoss, la «cascada de los dioses».
Cuenta la leyenda que hacia el año 1000 el jefe vikingo Þorgeir Ljósvetningagoði decidió adoptar el cristianismo como religión oficial de Islandia. Para simbolizar esta decisión, arrojó las figuras de los dioses vikingos (incluido Thor) desde lo alto de esta cascada. Así, Islandia pasó del paganismo al cristianismo, lo que supuso uno de los hitos históricos más importantes.
Larga despedida
Si se ha llegado a Akureyri por mar, el adiós te llevará un rato y es que para volver a mar abierto hay que recorrer el fiordo Eyjafjörður, el más largo de Islandia. Una lengua de mar que se pierde tierra adentro entre un paisaje que cambia de color a medida que avanzas.